La ley del silencio sobre el acoso sexual se rompió con el movimiento "#MeToo" ("Yo también"), que abrió la espita de las denuncias en el mundo del espectáculo, pero también en otros ámbitos, como oenegés o incluso en instituciones europeas.

De la urgencia de acabar con el acoso sexual en el entorno laboral, pero también en la vida en general, se habló en "Alzando la voz contra lo inaceptable", un debate organizado en la Eurocámara por el Día Internacional de Mujer.

El acoso sexual era un secreto a voces en la industria cinematográfica hasta que un grupo de actrices decidió romperlo en otoño pasado y nació el poderoso movimiento #MeToo, al que han seguido La Caja de Pandora en España, #denoncetonporc en Francia o #ÃäÇ_ßãÇä ("yo también") entre las mujeres árabes.

Tras el cine, el escándalo de los abusos salpicó al mundo de la ayuda humanitaria, recordó en el debate en el PE la fundadora de la oenegé alemana "Terre de Femmes", Inge Bell, que señaló con el dedo a Oxfam, Unicef, Médicos del Mundo o la Cruz Roja.

Ella descubrió esa realidad hace 18 años siendo corresponsal de guerra en los Balcanes con las onegés y los cascos azules de la ONU, y aunque lo denunció, las autoridades alemanas de la época lo negaron, relató Bell, lo que le llevó a fundar "Terre de Femmes".

"Depende de cada uno de nosotros identificar, hacer preguntas y denunciar", instó, al tiempo que reclamó también prestar atención a la violencia domestica, la brecha salarial y la desigualdad.