Dos décadas después de su estreno, que se cumple mañana, el atractivo de "Sex and the city" pervive en la Gran Manzana, donde las calles, cafeterías y tiendas en las que se rodó la célebre serie de televisión son hoy lugares de peregrinaje para sus admiradores.

El punto más visitado, con toda probabilidad, es la casa de la estilosa protagonista, Carrie Bradshaw, cuyas icónicas escaleras pateó multitud de veces enfundada en sus amados "Manolos", como apodaba cariñosamente a los zapatos diseñados por Manolo Blahnik.

Esos "tours" permiten medir en cifras la atracción por la serie, que no sucumbe al tiempo: solo teniendo en cuenta a On Location, que lleva 17 años haciendo recorridos diarios, son "más de medio millón de mujeres" las que han acudido a la ciudad para peregrinar los antiguos escenarios de rodaje.

Un viernes cualquiera por la mañana, Brandau cautiva a un autobús repleto de fans, que se emocionan al recordar momentos de la serie y guardan la esperanza de ver en algún momento a la actriz Sarah Jessica Parker, tan admirada como el personaje al que interpretó durante seis años y que después recuperó en dos películas.

Con motivo del 20 aniversario, y de la década que cumple la película, la diseñadora Vivienne Westwood sacó a exposición en su tienda el voluminoso vestido nupcial que Carrie lució en la icónica Biblioteca Pública, que separa Bryant Park de la Quinta Avenida.

Unas manzanas más allá, en la tienda de Gucci, Brandau señala un maniquí alto y con peluca pelirroja, inspirado en Miranda, que observa todos los días a hordas de turistas atraídos por la ciudad donde tantos personajes han vivido trepidantes historias.

Y entre toda esa gente, nunca faltan amigas que creen tener un poco de Carrie, Charlotte, Miranda y Samantha y que están dispuestas a comerse el mundo, contarse los detalles entre "cosmos" y tejer su propia historia, como hicieron otras antes que ellas